¿HABLAR EN PÚBLICO?

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Con gran cuidado preparas tu presentación, tomas el vuelo, llegas al bussines center, te registras, te piden que esperes, al fin llega tu turno, pero estás tan nerviosa que no puedes controlar el temblor de tus manos, de hecho tu voz también tiembla y no se escucha ni se entiende nada, sudas, se te seca la boca, haces un desastre con tus tarjetas, los minutos te parecen eternos, cantinfleas, dices tonterías sin saber cómo salir del laberinto para retomar tu discurso, se te olvidan las cifras que querías presumir y después de 20 minutos...

HABLAR EN PÚBLICO ¿Para quién?

En México, los alumnos de preparatoria de las escuelas privadas llevan una materia muy especial: oratoria, y suelen participar en torneos contra otras escuelas para fomentar las habilidades de los oradores… Sin embargo, en las escuelas técnicas, donde se preparan los obreros, no tienen esta materia… ¿Te has preguntado por qué?

Bueno, alguien pensó esto: los futuros líderes necesitan hablar para dar a conocer sus ideas y poder convencer y manipular a otros, mientras que los obreros no deben expresarse porque les serviría para convocar a otros a organizarse y entablar una lucha social más efectiva, y eso sería peligroso.

Entonces, la oratoria da poder, y el poder no puede ser para todos.

¿Tampoco para ti?

Eso depende… de ti.

¿Quieres poder, o no lo quieres?

Piensa en esto: En 1980, el famoso empresario informático Bill Gates logró convencer a los mayores ejecutivos de IBM de adquirir la licencia de su sistema operativo MS-DOS; de esta forma, cada que vendieran una computadora con su sistema operativo, le tendrían quedar una parte de la ganancia. En este caso, Bill no sólo fue capaz de prever el potencial del MS-DOS, sino que tuvo que convencer a los ejecutivos de la mayor empresa de cómputo del mundo a cambiar radicalmente su forma de hacer ordenadores…

Si Bill Gates no hubiera sido capaz de argumentar su idea delante de personas tan importantes, actualmente viviríamos en un mundo completamente diferente. Todo se decidió en aquella mítica reunión, donde Bill, con una seguridad arrolladora, no sólo los convenció de adoptar su nuevo sistema operativo, sino además de darle una parte de sus ganancias, y superando cualquier sueño, los persuadió para que él pudiera vender ese mismo sistema a otras armadoras de computadoras. Cuenta la leyenda que en esa reunión Bill cambió a la humanidad. En una hora convenció a aquellos ejecutivos arrogantes de algo que –a la larga– significaría la muerte de IBM y el empoderamiento de alguien que en sólo una década terminaría siendo uno de los hombres más ricos del orbe. Al salir de esa junta de trabajo, Bill debió sentirse como el dueño del planeta. Y en realidad en ese momento comenzó a serlo.

¿Qué habría sucedido si… en esa famosa reunión Bill no hubiera sabido dominar sus nervios? ¿Qué habría pasado si se hubiera mostrado inseguro, si hubiera comenzado a tartamudear o si hubiera sido presa del pánico escénico? En esa época Bill Gates era un hombre inteligente y ambicioso –como lo puedes ser tú– pero la diferencia fue que cuando se le presentó la oportunidad, él estaba preparado para aprovecharla. Seguramente tenía una estrategia cuidadosamente desarrollada, pero además supo exponerla de manera convincente.

Ahora quiero contarte esto. La primera vez que yo adquirí un auto del año, cero kilómetros, ni si quiera lo tenía planeado. Ocurrió un día que fui al supermercado a comprar algo para comer. En uno de los pasillos de la plaza estaba exhibido un carro que me gustaba mucho por ser pequeñito, pero de un diseño muy innovador. Me acerqué a verlo y la vendedora llegó por atrás y me dijo casi al oído las palabras mágicas de la manera correcta. No te revelaré –aún– qué me dijo, pero 10 minutos después yo estaba acabando de firmar los documentos. Yo fui al supermercado a comprar pan y queso, y salí de ahí poseyendo un auto nuevo y una deuda muy grande… ¡¿Cómo fue que ocurrió eso?! Esa vendedora vio en mí una oportunidad y estuvo preparada para aprovecharla.

Pero nos estamos desviando. Estábamos hablando de ti. Como toda buena emprendedora, tienes grandes ideas, pero necesitas apalancarte con dinero ajeno. Imagina que te enteras de que un pull de inversionistas de Monterrey está buscando diversificar sus ingresos y quieren apostarle a proyectos de gran potencial pero que estén aún en pañales para poderles imprimir su sello desde el inicio. Mandas tu solicitud, describes tu proyecto y una semana después te contestan: ellos quieren que vayas a Monterrey donde te darán 20 minutos para que les presentes tu idea.

Es una oportunidad única, dorada, como jamás se te volverá a presentar. Con gran cuidado preparas tu presentación, tomas el vuelo, llegas al bussines center, te registras, te piden que esperes, al fin llega tu turno, pero estás tan nerviosa que no puedes controlar el temblor de tus manos, de hecho tu voz también tiembla y no se escucha ni se entiende nada, sudas, se te seca la boca, haces un desastre con tus tarjetas, los minutos te parecen eternos, cantinfleas, dices tonterías sin saber cómo salir del laberinto para retomar tu discurso, se te olvidan las cifras que querías presumir y después de 20 minutos todos –pero especialmente tú– agradecen que por fin la tortura haya terminado. No sólo no conseguiste un centavo y desperdiciaste en ese viaje recursos que te hacen falta, sino que te das cuenta de que no te volverán a invitar a otro evento como ese.

Steve Jobs, Bill Gates, Jim Rohn, Tony Robbins, y otros muchos gurús de su ramo tienen en común el saber hablar en público, y lo hacen para vender su producto y a ellos mismos. Pero también tienen otra cosa en común: necesariamente tuvieron una primera vez, y como dijo el famoso pintor malagueño Pablo Picasso: “Hasta yo tuve que aprender a sujetar un lápiz”.

Esto quiere decir que Tony Robbins algún día tuvo que enfrentar los mismos miedos que un principiante… ¿Y qué es lo que le permite hoy ser –literalmente– el amo del escenario?

Bueno, como en todo, hay una técnica. Hay una técnica para evitar el famoso pánico escénico. Hay otra para lograr una dicción perfecta, y también existe una forma de poder manipular los sentimientos de tu audiencia, porque tú sabes que muchas de las veces la gente compra cosas sin que medie ningún razonamiento, sino el puro impulso. ¿Y tú crees que esos oradores que van por todos los países del mundo mantienen esa personalidad las 24 horas del día? Claro que no, sería increíblemente cansado, ellos han creado un personaje que únicamente utilizan en sus presentaciones…

Y si ellos pudieron aprender a ser unos rockstar de la oratoria ¿dónde lo aprendieron?

Y aquí te diremos algo que ellos han mantenido en secreto desde Demóstenes (el primer gran orador de la historia): la mayoría ha tomado clases de actuación, y de hecho sabemos que las lecciones de actuación para oradores son extremadamente caras, porque ellos saben que es una inversión insignificante en comparación con lo que ganarán al aplicar ese conocimiento para convencer a millones de personas de que compren su curso, o su libro, o su video. Sin embargo, no se trata de pasar cuatro años estudiando teatro en una escuela profesional. Tú necesitas tener esos mismos secretos ya mismo.

Ahora imagínate que un maestro de teatro te dice: Yo tengo muchos años de experiencia formando actores, pero también aprendí a formar oradores tomando de la técnica teatral sólo lo que se necesita para que alcancen sus objetivos en poco tiempo y comiencen a ganar dinero de inmediato. ¿Te convertirías en mi alumno?

En Telescopio Teatro descubrimos que lo mismo que yo enseño a los ejecutivos que asisten a mis cursos presenciales se puede enseñar en línea, aunque al final del curso virtual habrá un taller intensivo de dos días en la Ciudad de México para los que deseen afinar sus técnicas y ponerlas a prueba.

Si tu lectura de este artículo llegó hasta este punto, es porque intuyes que tú necesitas esto para seguir con tu plan de renunciar a tu trabajo sin futuro y convertirte en un líder que sea capaz de convocar colaboradores e inversionistas. Es más, hasta para explicarle a tu familia que has decidido renunciar a tu trabajo porque tienes un sueño, necesitas contagiarles tu pasión, confianza y determinación.

Yo soy de los que creen que las casualidades no existen. Si esta información llegó hasta ti y logró que te cuestionaras si tú también podrías convertirte en un gran speaker es porque también llegó tu momento. No dejes que se te escape.

Queremos que hagas clic en este link, y que sea tu primer paso hacia tu éxito como orador.

Ah, por cierto, ¿cuáles fueron las palabras casi mágicas que me dijo la vendedora de autos para convencerme de que yo podía comprar un carro? Es un pequeño secreto que les voy a dar a los que compren mi curso.

Rebeca Bonilla

Rebeca Bonilla

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Acerca de Innuendo

En este espacio encontrarás historias originales, artículos escritos con mucha pasión sobre literatura, teatro, música, religión, ciencia y mucho más… Porque somos humanos y nada humano nos es ajeno, al igual que Terencio somos teatreros de corazón y por eso le ponemos nuestro toque dramático a todo aquello que escribimos y ello nos ha llevado destacarnos por tener… IRREVERENCIA CON BUEN GUSTO.

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